Categoría: Individualizacion

Después de la COVID-19, objetivo: las personas

Objetivo: las personas

Después de la dramática experiencia que habremos vivido, de no poder despedir a nuestros familiares y seres queridos, de constatar que la austeridad ejecutada en modo recortes al sistema de salud fue poco menos que destrozarlo, y de sufrir las consecuencias de una nefasta gestión de la crisis sanitaria, ahora y como efecto colateral de la COVID-19 llega una enorme crisis económica.

Delante de esta hecatombe económica, hago un ruego a las instituciones y administraciones locales, autonómicas y al Estado: que el primer objetivo sean las personas, es más necesario que nunca humanizar la decisión pública; el segundo objetivo es la reforma del sistema público, económico y productivo. Respecto a la Unión Europea ya lo había escrito, una Europa de Estados-Nación radicalizada en la ideología de posguerra (2a. Guerra mundial) está determinada al fracaso, y así ha sido.

Cuando la COVID-19 no sea protagonista, con una perspectiva más alejada del sentimiento y del sufrimiento, nos daremos cuenta de que la crisis financiera global de 2008 no sirvió para mejorar un sistema que era dependiente y cojo, un sistema rígido, lento, burócrata, pasivo y lesivo para una sociedad que pedía igualdad, equidad, aceleración, eficacia, eficiencia, justicia, transparencia, oportunidades y progreso. Ahora ya solo sobrevive un populismo, de extrema derecha, si de esta resulta ser ganador la democracia caerá. Vivimos un momento trascendental en la historia del mundo, de este momento y de lo que hagamos se escribirá en los libros de historia, seamos exigentes, críticos, valientes y constructivos.

 

El win-win de la mediocridad

Todos caminamos hacia el anonimato, solo que los mediocres llegan un poco antesBorges

¡En una sociedad de blanco o negro, sin matices, la mediocridad gana, el talento pierde!

¡En una sociedad en la cual las personas pierden la empatía, la mediocridad gana, el talento pierde!

¡En una sociedad en que los relatos se ofrecen como verdades absolutas, la mediocridad gana, el talento pierde!

¡Una sociedad que glorifica la “dictadura” de Twitter empodera la mediocridad, el talento pierde!

¡En una sociedad en que la mediocridad se empodera como poder transversal, el talento pierde adeptos!

Cuando la mediocridad gana, cualquier relato suena bien, encorsetan y apartan el talento para su NO progreso, se genera así una sociedad que abraza los relatos que permiten empoderarse, a los mediocres, de su razón absoluta.

La victoria de la mediocridad comporta la entronación de valores superficiales, materialistas e hiperpersonalistas. Por el contrario, se van perdiendo los valores que impregnan sociedades de talento.

Con este arquetipo de sociedad nos alejamos del talento. Los liderazgos de esta sociedad emergen de decisiones construidas en la mediocridad, alejadas del talento. Las decisiones, de estos liderazgos, se originan en los focos de la victoria que lidera esa sociedad. Las consecuencias en el futuro, pues, son imprevisibles.

El lector, haciendo un ejercicio de sentido común, se puede preguntar ¿Y porqué el talento no gana a la mediocridad? El talento no hace postureo, el talento es empático, el talento se solidifica en criterios académicos, científicos, empíricos e innovadores con argumentaciones que van mucho más allá de lo que cabe en 140 caracteres. El talento invierte su tiempo, no lo pierde en una sociedad de postureo y mediocre. Sucede, entonces, que la mediocridad desdibuja a aquellas personas que amenazan su reinado.

Pero, y aquí el “win-win”, ¿cómo sabemos qué o quiénes forman parte de la mediocridad y qué o quiénes forman parte del talento? ¿Cómo podemos llegar a diferenciar tal situación, sí como he mencionado anteriormente, estamos empoderados de nuestro relato como verdad absoluta y liderados por la mediocridad?

Miguel Ángel Furones, en un su artículo titulado ¿por qué triunfan los mediocres?, en mi opinión acertadamente, traslada el presente de los mediocres a comportamientos que van más allá su labor no consiste tanto en prosperar como en evitar que otros prosperen. Una estrategia que le puede permitir incluso llegar a algún puesto de responsabilidad. Y una vez en el mismo, todo le resultará más fácil. Ya solo tiene crear un equipo formado por personas que jamás le hagan sombra”.

Y después de la gestión de su presente, yace la herencia que hace frente de manera obsesiva, y más perjudicial si cabe, “Esta obsesión puede alcanzar tal nivel de vileza que, en algunos casos, cuando dejan su puesto y eligen a un sucesor, aterrados ante la idea de que su mediocridad pueda quedar desenmascarada ante los aciertos del mismo, suelen nombrar a alguien más mediocre todavía”. 

Y por contradictorio que parezca, es y será el talento (skills), en sociedades avanzadas y líderes, quién lidera y liderará proyectos diferenciadores, innovadores y ganadores.

¡Reivindico ir más allá del ruido que nos rodea! profundicemos en aquel silencio que habla, y ejemplifica con sus logros la coherencia de sus palabras. O de otra manera, la prueba de hechos. 

 

Analfabetismo XXI

es el momento de volver a conceptualizar el significado de la palabra analfabetismo, como palanca de cambio y obligada aceptación, para afrontar con garantías de igualdad y equidad el desafío que plantea la Transformación Digital, para todos los pueblos del mundo Alex Moga

Hace unos días leí, en un magazine de ámbito estatal, un artículo que encuadraba el analfabetismo del siglo XXI en aprender, desaprender y re aprender. A diferencia de la óptica analítica del siglo pasado que lo circunscribía en saber leer y escribir. Con la voluntad de compartir una óptica personal ofrezco, humildemente, una visión de calle para y con la reflexión que se deriva del citado artículo leído.

La cuarta revolución industrial, que está en sus inicios, provoca la obligatoriedad de adaptarnos a la Transformación Digital sustentada en tecnologías que para la mayor parte de la sociedad aún son el futuro. Un error! nada más lejos de la realidad.

Consecuentemente, sin darnos cuenta, creamos muros de consecuencias importantes para uno mismo y, sobretodo, trascendentales para los más jóvenes. Una gran parte de la población adulta, con esta actitud y posicionamiento personal, se convierte en negacionista tecnológico e imposibilita ver, captar o desarrollar talento, instrumento vital e imprescindible para conseguir progreso a partir de ahora.

[ngg src=”galleries” ids=”5″ display=”basic_slideshow”]Muchos de los efectos reales de esta Transformación Digital ya los podemos ver o disfrutar, y muchas personas sufrir. Aquí van algunos ejemplos:

  1. Trabajo desde casa, seguramente conocéis muchos ejemplos.
  2. Las relaciones con el banco, los más tecnológicos pueden constatar como se han reducido sus visitas a entidades
  3. Las relaciones sociales, ¿cuantos de vosotros no utilizáis aplicaciones de mensajería instantánea?
  4. La nube, se gestionan multitud de aplicaciones de almacenamiento en la nube
  5. El distanciamiento con la cultura de la propiedad 
  6. Aplicaciones que facilitan relaciones sexuales. 
  7. El móvil se ha convertido en elemento imprescindible de nuestra cotidianeidad
  8. Televisión en streaming (plataformas como NETFLIX, HBO, AMAZON PRIME, FILMIN, etc)
  9. El ebook se convierte en elemento de lectura

Por no hablar de todos los cambios producidos en la economía productiva, a nivel organizativo, económico y relacional, a todos los niveles. Todo está en proceso de transformación! a excepción de la mayor parte de la sociedad, y ahí se haya el mayor problema.

[ngg src=”galleries” ids=”6″ display=”basic_slideshow”]Si les hablara de tecnologías como blockchain, inteligencia artificial, Internet de las cosas, Cloud computing o ciberseguridad, por mencionar las de mayor socialización en la actualidad, seguramente no continuarían leyendo este artículo. Si les mostrara ejemplos de la aplicación de estas tecnologías seguramente dejarían de leer este artículo. Si les detallara datos de como la generación X, los millenals o los centinals están entendiendo estas tecnologías no lo creerían.

[ngg src=”galleries” ids=”7″ display=”basic_slideshow”]Si escucharan a los mayores expertos del mundo explicar los efectos reales de estas tecnologías ya en la industria, en la economía primaria o en los servicios seguramente les sonaría lejos. Y tengo que decirles que esto es el presente, cada día más acelerado. El futuro será mucho más complejo.

Si entabláramos una conversación de tú a tú, reconocerían esta realidad pero, y al mismo tiempo, cuando finalizara, creo que, no habría conseguido convencerles para que sean activos y se sumen a la transformación digital de forma inmediata. Estoy seguro de que muchos de ustedes solo lo harían cuando les tocase de cerca o directamente. ¡Entonces mucho más difícil!

De esta conversación, concluiríamos que:

Son conscientes que se están produciendo grandes transformaciones,
son conscientes que estas tecnologías forman parte del hoy,
son conscientes que no están preparados y, sin saberlo,
crean muros para su autodefensa.
Adoptan la tesis de “cuando llegue, ya lo haré”

Mi preocupación no reside en sus muros, al fin y al cabo son responsables de sus decisiones. Mi verdadera preocupación es que esos muros se alargan hacia generaciones más jóvenes. Unas generaciones que tendrán que sobrevivir, en términos de oportunidad y desarrollo vital, una sociedad muy diferente a la que vivimos en la actualidad. Y entonces yo me pregunto, ¿cómo estamos preparando a los jóvenes para enfrentarse a tan grandes desafíos? ¿Cómo estamos contribuyendo para que los más jóvenes vivan mejor que nosotros? ¿qué les estamos ofreciendo para que visualicen optimismo?

[ngg src=”galleries” ids=”8″ display=”basic_slideshow”]De vuelta al motivo de este escrito, es imprescindible que aprendamos, a través de formación continua y adquiriendo aptitudes digitales, para educar, para ayudar, para acompañar y para adaptarnos. Desaprendamos, conscientes que todo está en proceso de transformación y consecuentemente todo cambia aceleradamente. Y, finalmente, re aprendamos para continuar educando, ayudando, acompañando y adaptándonos a sociedades cambiantes continuamente.

[ngg src=”galleries” ids=”9″ display=”basic_slideshow”]Todos poseemos un talento, y cuando digo todos quiero decir todos, es nuestra decisión y voluntad desarrollarlo y una obligación, humana, ayudar a que terceros lo desarrollen. Crear muros es un impedimento al progreso personal y colectivo, una barrera al mérito. Una fórmula para adaptarnos es “aprender, desaprender y re aprender”, esta depende de cada uno de nosotros.

El analfabetismo del siglo XXI no se circunscribirá al conocimiento, sino al talento. Ayudemos a que lo desarrollen o, en el peor de los casos, al menos no les ofrezcamos muros que les imposibiliten o impidan.

Tecnología con ética

“Es imprescindible una tecnología con ética”. Alex Moga

Jacques Ellul (Burdeos, 1912-1994), jurista de formación, siempre se movió en campos de la sociología, la historia y la teología. Su obra circuló alrededor de la crítica a la sociedad moderna basada única y exclusivamente en la técnica. Para Ellul la religión, la política y la economía han perdido el papel central que estas tuvieron en otras épocas por un factor dominante que es la técnica moderna, dominante y la llave para la interpretación del patrón cultural occidental. Criticado muchas veces por su pesimismo sociológico, Ellul por su lado critica abiertamente una sociedad tecnológica basada exclusivamente en la eficiencia comparando las técnicas tradicionales, basadas en el poder del humano, con la técnica moderna, en las que la tecnología desempodera al ser humano.

Autor de la teoría “el orden tecnológico”, concluye que la creación de la tecnología por el hombre acabará por superar, esta, al propio hombre.

El pensamiento de Jacques Ellul, distante en muchos aspectos al que un servidor piensa y ejerce, es merecedor de tener en cuenta en la reflexión mundial que existe actualmente alrededor de la necesidad de una ética para la tecnología. La principal amenaza es, hoy, la inteligencia artificial, que puede llegar a ser el Leviatán que ofrezca la razón a Ellul en un futuro.

Hace un tiempo escribí un artículo, en este mismo espacio web, sobre la Teoría de “el orden tecnológico” de Jacques Ellul. Para leerlo y profundizar un poco más en la reflexión solo tienes que hacer click aquí 

Continuaré…

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Honestidad y coherencia (colectiva) para 2020

“la honestidad tiene que ser un valor transversal en una sociedad que quiere ser productiva, justa y generadora de oportunidades para todas y todos”

Cuando estamos a punto de finalizar un año solemos hacer una valoración del mismo, a veces sin darnos cuenta, de aquello que hemos hecho y cómo proyectamos el siguiente que está a punto de comenzar. Es decir, reflexionamos y asumimos, al menos, un reto y propósito nuevo.

Al margen de las perspectivas materialistas, que seguro nos ocupan a todos y todas, os invito a ir un poco más allá y formularos tres preguntas (y sus respuestas); Primera: ¿Eres un producto en manos de los intereses de los demás o bien eres un producto con personalidad propia?; Segunda: ¿Eres una persona desapoderada o te has empoderado como protagonista de tu espacio de decisión, criterio y actuación propia?; tercera: ¿Son tus actos y comportamientos coherentes con tus respuestas anteriores?

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La honestidad tiene que ser un valor transversal en una sociedad que quiere ser productiva, justa y generadora de oportunidades para todas y todos. La honestidad tiene que ser aquel valor de justicia con el conjunto y, aún más importante, con nosotros mismos. Con honestidad y coherencia creamos una sociedad crítica, es decir, de opinión fundamentada, documentada y justificada, coherente.

Es a partir de aquel momento, que las propuestas y exigencias que hacemos como personas, como humanos y como protagonistas de una comunidad, toman todo el sentido, poder y fuerza. La honestidad y la coherencia pasan a ser el mayor y mejor instrumento para conseguir los cambios que deseamos colectivamente.

Positivos cambios que os deseo a todas y todos para el próximo año 2020.